Samantha Fisher, más conocida como Sammy, nació en las afueras de Harmony, en una humilde casa junto a Joshua Road, donde los atardeceres polvorientos se mezclaban con las sirenas lejanas del condado.
Desde pequeña, supo lo que era la dureza de la vida. Su madre, una aguerrida Sheriff del condado de Blaine, fue su único ejemplo a seguir tras la desaparición de su padre: un hombre alcohólico, violento y cobarde que las dejó solas cuando más lo necesitaban.
Sammy creció entre radios policiales, uniformes colgados en percheros y la silenciosa admiración hacia su madre, quien nunca se quebró a pesar del abandono.
Su hermana menor fue su confidente y apoyo constante, aunque tomó un rumbo diferente: menos interesada en la justicia y más en disfrutar de la vida.
En la adolescencia, Sammy encontró refugio en la informática. Hackeaba redes locales, se colaba en bases de datos escolares y descifraba códigos con facilidad.
A medida que crecía, el camino de la informática le pareció frío y lejano de su verdadero sueño: seguir los pasos de su madre y convertirse en Sheriff.
Actualmente se encuentra en una encrucijada: buscando trabajo para sobrevivir mientras entrena para las oposiciones. Sin contactos, sin aliados, y sin experiencia directa en el cuerpo, solo le queda su determinación y el legado de su madre.