INFANCIA: BROOKLYN
Nací en Brooklyn en 1995, en una familia trabajadora. Mi padre, James, era obrero de la
construcción; mi madre, Patricia, trabajaba en una tienda de segunda mano. Tengo dos hermanos
menores, Michael y Sarah. Siendo el mayor, aprendí pronto a cuidar de ellos y a ayudar en casa. No
teníamos dinero para lujos, pero nunca faltó comida ni cariño.
LA MUERTE DE MI PADRE
A los 19 años, mi padre enfermó de cáncer de pulmón. Fueron meses duros viéndolo deteriorarse.
Antes de morir, me pidió que cuidara de la familia. No lloré en el funeral, me mantuve ocupado para
no derrumbarme. Semanas después, cuando todo se calmó, lloré hasta no poder más. Esa noche supe
que ya no era el mismo chico.
EL CAMINO HACIA EL EMS
Tras la muerte de mi padre, retomé la universidad sin saber qué estudiar. No quería un trabajo de
oficina; quería hacer algo que importara. Probé enfermería, pero descubrí que mi vocación era la
atención prehospitalaria. Me formé como paramédico en Nueva York, trabajando en barrios duros:
accidentes, tiroteos, sobredosis. Allí aprendí que la vida es frágil y que cada segundo cuenta.
EL ENCUENTRO CON KATHERINE
La conocí durante la pandemia. Coincidimos en un hospital de Queens, ambos agotados, ambos
viendo morir a demasiada gente. Empezamos a hablar en la sala de descanso y no paramos. Ella era
energía desbordante; yo, calma. Nos complementábamos. Compartimos turnos, historias y el peso de
aquellos meses. Cuando ella perdió a su padre, la sostuve en silencio. Cuando yo me cerraba, ella me
sacaba con preguntas y conversaciones.
EL TRASLADO A LOS SANTOS
Después de la pandemia, Katherine decidió empezar de nuevo en Los Santos. No lo hablamos, pero
supe que no podía dejarla ir sola. Además, yo también necesitaba un cambio. Pedí el traslado y me
fui con ella. No solo por ella, también por mí.
AMISTADES Y RELACIONES
Katherine es mi mejor amiga. La única que conoce mis grietas. También tengo algunos compañeros
del EMS con los que salgo a escalar, y mi hermana Sarah, a quien llamo cada semana. Mi madre
sigue en Brooklyn.
Mis relaciones románticas han sido complicadas. Tengo dificultades para abrirme, para dejar que
alguien me vea vulnerable. Mis parejas suelen quejarse de que no saben lo que pienso. A veces creo
que el problema soy yo; otras, que no he encontrado a la persona adecuada.
EL PRESENTE
A los 29 años, he llegado a Los Santos con pocas cosas y muchas ganas. Quiero hacer bien mi trabajo,
integrarme en el nuevo equipo y estar ahí para Katherine. Ella es más fuerte de lo que cree, pero
necesita que alguien le recuerde que no tiene que cargar con todo sola.
Sé que Los Santos no es Nueva York: es más caótico, más soleado, con otro ritmo. Pero la gente es la
misma: personas con miedos y sueños. Y yo estaré allí, observando, escuchando, ayudando.
SITUACIÓN ACTUAL
Henry lleva pocas semanas en Los Santos. Vive en un apartamento pequeño, todavía con cajas sin
desempaquetar. No ha tenido tiempo para decorar porque entre el trabajo y ayudar a Katherine a
instalarse, apenas descansa. Tiene miedo, aunque no lo demuestre: miedo a no encajar, a no estar a
la altura. Pero también está emocionado, porque esto es lo que necesitaba: un nuevo comienzo.
A sus 29 años, Henry Morrison está listo para el siguiente capítulo. No sabe qué encontrará, pero
sabe una cosa: quiere seguir siendo la persona en la que otros confían. Y está dispuesto a luchar por
ello.