Erick Evans nació en Chicago, creyendo que su familia era humilde. Su padre era médico y su madre ama de casa. Vivían con lo justo, con valores sólidos y mucho esfuerzo.
Todo cambió cuando sus padres fueron asesinados misteriosamente. Entre el dolor, los hermanos Evans descubrieron una verdad que les rompió los esquemas: bajo el suelo de su vieja casa había un compartimento con 5 millones de dólares en efectivo. Sus padres habían sido millonarios en secreto, viviendo con carencias mientras ocultaban su fortuna.
Claire, la hermana mayor, repartió la herencia entre los tres y pagó los estudios de medicina a Erick. Él siguió los pasos de su padre, convirtiéndose en un médico brillante, especializado en cardiología y cirugía.
Sin embargo, la revelación marcó su personalidad: desarrolló una ambición desbordada. Aunque en el hospital era serio y respetado, fuera de él se transformaba. Las noches de fiesta, el alcohol y las malas compañías se convirtieron en su vía de escape.
En una quedada de coches superdeportivos conoció a Luna, una mecánica italiana apasionada por los motores. La conexión fue inmediata, inevitable. Se enamoraron con una facilidad que daba vértigo. Pero su lado oscuro sabotearía la relación. Luna, agotada de quererlo sola, se marchó de Chicago.
Al ver que Erick iba directo a la autodestrucción, su familia decidió mudarse a Los Santos. Lo que nadie esperaba era que el destino ya hubiese movido sus hilos: Luna llevaba un año viviendo en la ciudad.
Cuando Erick la vio por casualidad, fue un impacto directo al corazón. Esta vez no la dejaría escapar. Dejó atrás los excesos, se especializó en neurología y demostró con hechos que podía cambiar.
Hoy, Erick es Jefe de Departamento de Neurología. Su relación con Luna maduró y se fortaleció: están comprometidos y esperan una hija. Un nuevo capítulo que no estaba en sus planes, pero que desea con todo su corazón.